Comentábamos en la edición de ayer, la importancia que tiene ciertas reglas de urbanidad y mencionamos al civismo como una parte importante de la educación.
Por ello es pertinente mencionar cómo se ha ido implementando en las instituciones educativas. Hoy en día los sistemas democráticos han conseguido difuminar intensamente la delgada línea del civismo y la violencia, confundiendo así términos y situaciones, donde son expuestos nuestros derechos y son guillotinados.
Es un tanto riesgoso o peligroso utilizar el civismo como forma de orden, porque se ha desenmascarado el cinismo del civismo institucional. Para comenzar, podríamos sacar varias conclusiones de ese cinismo del que hablamos, y solamente lo podríamos hacer definiendo las denominaciones de estas normativas. Civismo, un término muy al uso de la democracia, con el cual excusan la represión que se ejerce contra las gentes de la calle, barrios enteros, estudiantes y movimientos sociales, en tal forma que no hay diferencia con el fascismo.
El civismo es la excusa perfecta, la estrategia a seguir para hacer la mayor limpieza de cualquier tipo de movimiento político, social o sindical. Tanto mejor que su civismo, es su cinismo, es decir, todo lo que no encuadre en sus marcos legales, de los que tanto hablan, se convierte en ilícito y los o las que lo practiquen, se hacen acreedores a la violencia y represión. Con esto queda todo atado, para presentarlo a la sociedad y se vaya con la finta, de que se actúa con respeto a la ley.
Adicionalmente podemos encontrar en las escuelas oficiales ciertas normas de civismo que afectan la libertad de expresión de los jóvenes, como la forma de vestir, de cortarse el pelo, como si esto fuera lo fundamental, dejan de lado lo más importante, que es el desarrollo intelectual de los estudiantes, su formación integral como ciudadanos, tal como lo establece el artículo3º constitucional, por el contrario, la tendencia va hacia una educación casi militarizada, el objetivo: que obedezcan las indicaciones del “general”.
No favorecen la formación de un pensamiento científico, crítico, que los motive a participar en los grandes movimientos sociales que transformen nuestro país.
Tenemos que aprender a defender nuestros derechos, para acabar con este sistema político, corrupto y caduco.
Esta imposición oficial provoca que se inhiban las manifestaciones, porque de expresarse son reprimidas. Ahora somos los culpables de que se nos golpee, por andar de “revoltosos”.
Como podemos comprobar, solo los términos utilizados por el estado para nombrar sus leyes, ponen al descubierto el sentido de estas, que no son más que el de la represión, más que el del avance, del recorte de libertades y derechos que sufrimos, más que la del perpetuar sus sistemas políticos basados en lo impoluto.
Tenemos en consecuencia que toda esta educación cívica recorta nuestros derechos.
Se ve, por ejemplo, que en instituciones educativas como la BUAP, es muy peligroso hacer proselitismo en contra del sistema educativo o de la forma de conducir a la universidad, son perseguidos y hostigados trabajadores del SUNTUAP o estudiantes que tengan otra forma de pensar.
Es necesario reflexionar en serio y a fondo lo que se requiere para formar buenos ciudadanos, útiles a su sociedad y al pueblo.
martes 26 de febrero de 2008
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