martes 8 de abril de 2008

De la violencia al amor

Los problemas de violencia hacia las mujeres, no pertenecen a un estrato social, pensaríamos que ocurren en algunas familias marginadas o sin educación, lo cierto es que la violencia intrafamiliar no distingue edades, niveles educativos, ni grupos socioeconómicos. Cuando la violencia irrumpe en la familia, el espacio más íntimo donde se supondría mayor seguridad para sus miembros, suele convertirse en un hecho a veces cotidiano. El uso de la fuerza para imponer formas de ser y actuar, y para refrendar la autoridad, se sustenta en las inequidades y discriminaciones que se dan en las relaciones entre hombres y mujeres, y entre generaciones, las cuales adoptan múltiples formas.
Una de las modalidades de la violencia que se ejerce sobre las mujeres es la que se da en su entorno más cercano, es decir el esposo, como son los malos tratos, los golpes, las amenazas, la agresión verbal, el encierro o la obligación doméstica o la de correrlas constantemente de la casa, echarlas a la calle así como el ejercicio de la fuerza en las relaciones sexuales, y por último llegando a los extremos de las amenazas de muerte y homicidio.
La socialización temprana en un entorno dominado por la cultura de la violencia da lugar más tarde, a la reproducción de dinámicas familiares en las cuales agresores y víctimas se ven envueltos en conductas violentas, donde se acepta el uso de la fuerza del hombre contra la mujer, del más fuerte sobre el débil, del adulto sobre el niño, de los adultos sobre los ancianos, y la impunidad de los delitos cometidos en el ámbito del hogar.
Desde mi punto de vista lo más doloroso es que lo vean los hijos, niños o adolescentes, esto es muy grave porque inconcientemente estaremos formando una generación con violencia, que reproducirán el mismo esquema del papá y de la mamá. Ellas se dejarán y ellos abusarán de su pareja.
Casi todas las mujeres casadas o no casadas, hemos tenido discusiones fuertes, o hemos pasado por momentos difíciles con nuestros compañeros, no podemos negarlo, lo que no significa que sigamos permitiendo que se genere más violencia por el bien de nuestros hijos, cambiar la cultura de la violencia por la del amor, debemos preguntarnos ¿cómo queremos construir nuestras relaciones conyugales? Con o sin violencia.
Hacerles saber a las jovencitas que no permitan que las maltrate el novio, que lo conozcan bien y si sufren un maltrato que nos les ciegue el amor que usen su cabecita. Que no tengan miedo de denunciar ante sus padres y abordar el problema con personas especialistas en estos casos.
Hacer un llamado a las autoridades para que se implementen acciones que integren en una política social el apoyar y la creación de núcleos familiares responsables, solidarios y democráticos que reconozcan la diversidad, la heterogeneidad y la pluralidad de la sociedad, así como la necesidad de una convivencia que ofrezca oportunidades de desarrollo a todas y a todos sus miembros en un marco de equidad, respeto y tolerancia.

0 comentarios: